Terroristas de usar y tirar

Acabo de leer una noticia en Kryptópolis que reza así:

Los ministros de Interior de seis países de la UE se reunieron ayer en Londres para analizar las medidas a adoptar para combatir la amenaza terrorista en los vuelos con origen o destino a los aeropuertos europeos. Entre las medidas de seguridad que se debatieron figuran algunas relacionadas con la intimidad y los datos personales de los viajeros:

  • Identificación biométrica de los pasajeros a través de la lectura informática del iris o de las huellas dactilares.
  • Pedir a los viajeros que vuelen a Europa y a los de los vuelos intraeuropeos un listado de datos personales como el que EE UU exige a los europeos que vuelan a su país.
  • Bloquear las páginas web que “inciten al odio” o que detallen cómo fabricar artefactos explosivos.

Puedo estar de acuerdo con el último de los tres puntos, aunque enterrar el odio debajo de la alfombra (censura) no conseguirá que éste desaparezca. Es posible, incluso, que éste se acreciente.

Pero si creen que los terroristan van a viajar con un cartel que les identifique como tal, identificándoles como suicidas o malhechores, entonces creo que tenemos un serio problema, o al menos nuestros políticos lo tienen.

Creo firmemente que no sirve de nada usar controles biométricos porque parece que hoy en día lo que se lleva es el terrorista de usar y tirar: tomamos a un niño joven, probablemente de un país pobre, con un bajo nivel cultural, le enseñamos a odiar a occidente o a cualquier otra etnia o sociedad y, cuando sea mayor, es posible que se inmole dentro de un restaurante o haga volar por los aires un avión matando a cientos de inocentes.

El problema es que este niño se ha comportado como una persona cívica toda su vida, ha saludado a los vecinos al subir la escalera, incluso ha sacado la basura todas las noches. Sin embargo, lo que los controles biométricos no podrán revelar nunca son sus más profundas intenciones, ésas que no aparecen reflejadas en las huellas dactilares o en su retina porque, nos guste o no, sus huellas o su retina no son diferentes de las de las miles de personas que nunca han matado siquiera a una mosca.

Los controles biométricos son una medida de control de los ciudadanos, una pérdida de la intimidad y la privacidad, impuesta por los políticos con la excusa de incrementar nuestra seguridad (a la vez que incrementa el poder de los que ya de por sí son poderosos), y no una medida para acabar con el terrorismo. Sólo la educación, la tolerancia y el respeto podrán acabar con ese odio fundamentalista que está destruyendo este mundo, que lo corrompe desde lo más profundo, poco a poco, como un cáncer.

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